Christian Hosoi, el Michael Jordan del Skate

En la década de los años 80 cuando el “skateboarding” estallaba, dos atletas jóvenes lideraban el grupo — Tony Hawk y Cristian Hosoi. Mientras que el deporte en la rampa del “vert” iba evolucionando, Tony Hawk y Cristian Hosoi desafiaban los límites, saltando más alto, más lejos y más rápido.

Las competiciones generalmente terminaban siendo una batalla mano-a-mano donde los trucos dejaban público boquiabierto y se reescribían los records de este deporte prácticamente cada fin de semana.

Dos décadas más tarde, la marca registrada de Tony Hawk se ve plasmada en todo, desde patinetas a zapatos, de juegos de PC y Playstation hasta circuitos internacionales. Cristian Hosoi, una vez llamado “el Michael Jordan del skateboarding”, ha encontrado la dirección en la vida — por la gracia de Dios — después de salir del abismo de la adicción a las drogas y de una sentencia en la prisión, ahora encontró su lugar como pastor, como evangelista y, sí, como “skateboarder” profesional.

Su nombre Cristian, en honor al famoso revolucionario Cristian Fletcher, Hosoi era cualquier cosa menos un rebelde en su infancia.

“Èl era tan perfecto que pensábamos que algo tenía mal,” decía su padre, que lo primero introdujo a la práctica del surf, y más tarde al skateboarding.

A la edad de 12 años, Cristian Hosoi era el mejor deportista amateur en todo el país, y a los 14 ya era profesional. Los admiradores que lo veneraban como un dios apodaron a Cristian “Cristo” y el joven superestrella les reconocía su fanatismo inventando un truco que se transformó en su marca registrada, el “Christ Air”, que reflejaba la imagen de Cristo en la cruz mientras saltaba en el aire con su patineta.

Cristian, y su “Christ Air”, ya estaban en la portada de todas las revistas de deportes extremos antes de que tuviera la edad suficiente para conducir. Con ganancias de U$S 250.000 por año, club de admiradores y estilo de vida similar a la de una estrella de Hollywood confirmaba el status de celebridad de Cristian Hosoi. Poco a poco se comenzó a hundir en un mundo donde no había esperanza, ningún propósito en la vida, solamente la búsqueda desesperada por hallar satisfacción.

“No podía encontrarla en el éxito, no podía encontrarlo en dinero, no podía encontrarlo en chicas y en las relaciones, no podía encontrarlo en los negocios,” decía Cristian. “Finalmente, tampoco pude encontrarlo en las drogas.”

Quizás como muestra de lo que vendría a continuación, Cristian entró en una serie de negocios fallidos y entonces, cuando el enfoque del deporte cambió de trucos en rampas al estilo de la calle, una generación de atletas rápidamente se quedó sin plataforma y sin público. Para entonces, él había desarrollado una adicción a la metanfetamina de cristal (cristal meth).

“Mi vicio era utilizar el cristal meth,” él dice. “No era traficante de drogas. No deseaba ni necesitaba el dinero. En última instancia, lo único que quería era salir de caravana.”

En Enero de 2000, Cristian acordó llevar medio kilo de droga desde California a Hawai para recibir a cambio un porcentaje de la venta. Fue arrestado en el aeropuerto de Honolulu y acusado de intento de distribución, un crimen que llevaba una condena de diez años. En ese momento Cristian tenía 32 años.

“Allí no había más favores que cobrar ni personas con influencia a quién acudir,” dice Cristian. “Ya fue. Todas las puertas estaban cerradas. La llave fue tirada al abismo. Era hora de despertar a la dura realidad, Cristian, y hacerse cargo. Y ahora, ¿qué iba a hacer?”

Jennifer, su novia en ese entonces, ahora su esposa, le abrió la puerta a una vida digna de vivir, incluso para alguien que estaba tras las rejas.

“Solamente le dije que él necesitaba conseguir una Biblia para leer y debíamos tener fe en Dios,” dijo Jennifer. La respuesta de Cristian fue, “¿Dios? Yo no necesito a Dios, mi amor, lo que yo necesito es un abogado.”

Pocas semanas después de que él fuera a la prisión, el tío de Jennifer, el pastor Chris Swaim, llamó a Cristian y le ofreció la solución a lo que parecía ser un dilema sin esperanza de poder revertir.

“Èl me preguntó si alguna vez había tenido un encuentro personal con Jesucristo,” dice Cristian. “Con los ojos llenos de lágrimas, recuerdo haberle pedido en una forma muy sencilla pero muy sincera a Jesús que entre en mi corazón.

Cristian había comprendido la severidad de las consecuencias de su pecado, no solo por la pérdida de su libertad, sino de la condenación eterna que le aguardaba si no solucionaba el problema que había ocasionado su pecado. Por ese motivo, acudió a Cristo y el sacrificio que Èl hizo por sus pecados en la cruz como la única forma de obtener la limpieza de sus pecados y la seguridad de la vida eterna en el cielo.

“A partir de ese momento, aún cuando estaba en la prisión, sentía que era el hombre más libre del mundo. Cuando llegué a la cárcel, pasé de la libertad a la prisión, ahora que tengo a Cristo es como pasar de la prisión a la libertad.”

Cristian y Jennifer se casaron mientras que Cristian aún estaba en prisión. Fue un interno ejemplar, terminando sus estudios secundarios y estudiando su Biblia por cuatro horas cada día. En el año 2004, un juez redujo su sentencia por más de la mitad y le otorgó la libertad. Menos de dos años después de reinsertase en la sociedad, Cristian fue ordenado como un pastor asociado y ha retomado la práctica profesional con su patineta. Èl organiza eventos de deportes extremos para jóvenes de alto riesgo en los barrios marginales de la ciudad, y comparte su testimonio de vida cuando viaja con un grupo de deportes extremos itinerante llamado “Livin’ It” (en castellano significa “Viviéndolo”).

“Soy un skateboarder profesional. He logrado muchas cosas y he conseguido mucha fama y gloria, pero nada se compara con saber que soy un Hijo de Dios,” dice Cristian.

“Esto es un milagro de Dios… que Èl pueda tomar a un individuo como yo, un “skater” que se convirtió en un drogadicto, y pueda de una forma increíble transformarme la vida. Para mí, éstos cambios que se han producido es otra evidencia más de que Dios es real, por la forma en la que Jesús cambió mi corazón, cambió mi mente. Èl cambió mi vida.”

Por cortesía de Luís Palau Association.
http://hosoiskates.com/

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